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"¿Por qué no caen a nuestros pies aquellas fogatas y los cazadores sentados a su llama? ¿Por qué no cae del cielo gente forastera?" - Preguntó el joven. "Buena pregunta" - Dijo mi tata - "Tan buena, que seguro se la ha hecho alguien en cada una de esas tribus, acerca de las otras fogatas que pueden ver, incluida la nuestra". Así hablaba el Hombre Nómade sentado junto al fuego, bajo los astros y el firmamento, observando en lo alto el Espinazo de la Noche y a la luna perderse entre el bosque.